Discépolo tenía razón (o una reflexión sobre viajar)

 

Escribí estando sobre las nubes en una montaña de Chile. Almorcé al borde de un volcán activo en Costa Rica. Caminé por un castillo de cientos de años en Francia. Navegué en la selva de Costa Rica. Tomé vino chileno que encontré en un supermercado de Holanda. Me senté a observar el Machu Picchu en silencio, durante una hora. Nadé en el Golfo de México. Vi a Argentina en el mundial de Brasil (y jugué al fútbol en plena peatonal Vila Madalena con un grupo de freestylers). Me senté a tomar un Fernet con unos chicos que estaban viajando por América Latina tocando tango electrónico y vi como crearon un espectáculo inmenso en pleno mundial de fútbol para recaudar dinero.

Comí en una mesa compartida con gente de otros países del mundo en Italia (y me divertí hablando por señas con gente de Japón). Volé haciendo parasailing en un cayo de Estados Unidos. Aprendí como se fabrica el café en una finca a las afueras de Medellin, Colombia. Tomé ese café. Charlé largas horas con los baristas. Hice nuevos amigos en Cuba. Intercambié camisetas con gente de allá, que quería la camiseta de Argentina. Salí a tardear en pleno centro, en Colombia. Y también visité centros culturales que ayudan a chicos en situación de calle, en el mismo lugar.

Comí ceviche en Perú, feijoada en Brasil, salmón en Chile, pasta en Italia, queso en Holanda y bandeja paisa en Colombia. Sentí olores diferentes e intenté hablar idiomas que no manejo. Caminé por barrios pobres y por la calle más cara del mundo en París.

Disfrute de trenes, veleros, cruceros, aviones, avionetas, canoas, kayak, botes, autos y cada una de las formas de moverse por el mundo.

Y viví mil experiencias viajando. Porque lo que recordamos son los momentos que vivimos. Nunca dejes de viajar. Es la mejor manera de aprender y de vivir.

Y como cierra el artículo de Dino en Magia en el Camino:

El mundo está ahí para llenarte la cara de gestos y el cerebro de marcas… Clic para tuitear

Discépolo tenía razón… la biblia junto al calefón.

Hace un tiempo, compartí esto en Facebook. Y un gran amigo del camino, Dino, sumó a ese mismo enlace una historia muy similar que él había escrito cinco años atrás.

Su artículo es: Discépolo tenía razón

Y esta es una referencia extra, que escribí yo sin saberlo. Y quise unirlas de alguna manera.

Sobre el autor Ver todas las publicaciones Web del autor

Federico Bongiorno

Creo cosas en Internet que las podes ver en LinkedIn. Viajo por el mundo, escribo y disfruto de emprender. Mi niño interior es mi director creativo y desde hace unos años tomé la decisión de convertirme en un nómada digital a través de empresas en Internet.

Click aquí para escribirme un e-mail.