Las creencias del innovador Walt Disney

Su nombre: Walt Disney. Dicen que llegó del más allá. De un lugar donde la magia no sólo eran ilusiones. Hubo un solo inconveniente: aterrizó en un mundo donde hay muchos prejuicios. Ya nadie se permite el asombro. Quieren descubrir el truco. Ésto es en vano, no sirve. No se dejan llevar por la esencia. 

Pero ya no había vuelta atrás. Éste mundo lo había enamorado al menos un poquito. Éste cariño lo incitó transformar su entorno. Quiso lograr que los mortales vuelvan a creer en la magia. Que se rían, que se diviertan. Que disfruten. 

La historia cuenta que no tenía ningún recurso. No sabía por donde empezar. Ni siquiera se le ocurría qué hacer. Sólo tenía un objetivo (muchas veces truncado por intereses ajenos). Pero no se rindió. Diariamente madrugaba, desayunaba y se vestía para salir a la calle con el afán de acercarse a su eterna quimera. 

Cada paso lo acercaba a su meta. Sueño a sueño fue creando un reino llamado Disney World. Un reino que hoy se ubica bien al norte. En su castillo mágico viven princesas. Cada rincón de su tierra es defendido por enanos y hadas. Sus habitantes son niños de hasta 100 años. Cada arteria de su reinado se sucumbe a la magia. Todo es posible. Todo lo que nos imaginemos. 

No les voy a mentir porque me crecería la nariz como a Pinocho, pero este mundo, despabila hasta a la bella durmiente. Te sentís volando en la alfombra mágica de Aladín, visitando los lugares del nunca jamás. Se practican los valores más intrínsecos (enaltecidos en sus películas). El cariño se hace presente, como un abrazo entre Simba y Mufasa. Te sentís parte. La infancia de cualquier mortal cobra vida cuando camina entre sus paredes.

Cada persona tiene un objetivo en la vida (el mío es viajar por el mundo). Este dios de otro planeta había cumplido el suyo: que la magia cobre vida. Vio nacer su reinado que hoy día sorprende a los más niños, y saca a flote los recuerdos en los más grandes. Cumplió su ciclo, dejó este mundo para volver al suyo. Un 15 de Diciembre de 1966 nos abandonó. Seguramente se fue a seguir contagiando con su hechizo a otros planetas. Pero en mi tierra, el nombre Disney es sinónimo de magia.

Ésta publicación es un homenaje a Walt Disney, quien con su increíble imaginación inventó un mundo nuevo. El mundo de los sueños. Nos invitó a ser más creativos. Nos enseñó a desafiar al statu quo.

A mi particularmente me hizo creer en lo imposible. Me instaló valores e historias maravillosas en la mente, gracias a cada una de las películas que creó. Logró que me de cuenta de la importancia de pensar como un niño.

Viajando por sus tierras me encontré con un lugar mágico, que sólo podía agradecer con este pequeño homenaje. Algunas palabras que salieron de mi cabeza, navegando en polvo de hadas hasta mis dedos. Gracias por tanta magia.

Sobre el autor Ver todas las publicaciones Web del autor

Federico Bongiorno

Creo cosas en Internet que las podes ver en LinkedIn. Viajo por el mundo, escribo y disfruto de emprender. Mi niño interior es mi director creativo y desde hace unos años tomé la decisión de convertirme en un nómada digital a través de empresas en Internet.

Click aquí para escribirme un e-mail.

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Completar * Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.