Y un día no pude entrar al Coliseo Romano

coliseo romano 3

Hace ya un tiempo, cuando hice un pantallazo fugaz por Europa, tuve la oportunidad de conocer lugares que muchas veces había visto a través de fotografías. El hecho de caminar por las calles de París, o de comer en lugares típicos de Florencia, fue algo realmente fascinante. Pero ustedes dirán: si vas a Europa, sí o sí tenes que visitar el Coliseo Romano. Si, de hecho estuve por Roma, y el relato de hoy se basa en esa experiencia: el día que no pude entrar al Coliseo Romano.

Ubiquémonos en tiempo y espacio… Era Enero, por lo tanto en Europa hacía un frío terrible. Cuando estuve en Venecia, nos congelamos con el agua-nieve. En París, la Torre Eiffel pedía a gritos una bufanda. Pero eso sí, la temporada baja era realmente barata (no la podíamos desaprovechar). 
Bueno, el frío era un factor determinante en nuestro día a día, que comenzaba desde muy temprano por la mañana, y culminaba alrededor de las 6 de la tarde, cuando anochecía y el frío hacía los méritos necesarios para trasladarnos hacia dentro de la cama (y sus 14 frazadas).

Nuestro pase de ciudad a ciudad, cual pelotita de pinball manejada por un experto, nos encontró en la sede de uno de los imperios más reconocidos de la historia: Roma. Como han de saber, el frío nos perseguía donde quiera que fuéramos. Y para hacer un bonus track en la ciudad de los gladiadores, nevaba. Pero eso no es lo insólito: en Roma no nevaba hacía aproximadamente 5 o 6 años si mal no recuerdo. Es decir, vivimos un acontecimiento poco acostumbrado en la ciudad… O lo trajimos nosotros, aún no lo sé.

coliseo romano

Ese día lo comenzamos en la Fontana di Trevi, con una anécdota que no puedo pasar por alto. Nos encontrábamos situados frente a frente con la majestuosa y más imponente fuente del Barroco, con los miles de turistas lanzando monedas cual rambo balazos. De repente, se nos acerca una pareja que aparentaba unos 30 veranos juntos. Fue fácil notar que ninguno de los dos era Italiano. Pero sí, él, hablaba Español bastante fluido. 
La conversación comenzó con una consulta de éste hombre, sobre la ubicación de un monumento, que le indicamos con facilidad. Se defendía muy bien con el español, mientras su mujer cual estatua observaba lo que sucedía.
Lo gracioso de la anécdota fue el final. Como sabrán, en italiano, la palabra “Ciao” se utiliza como “Hola” y como “Chau”.
Esta palabra, seguramente fue la que traicionó a la dama que acompañaba al señor, ya que cuando se retiraban, con una sonrisa predominante en su cara nos dice “Hola” y se retira. 
No señora, “Hola” no es un saludo de despedida en nuestro país, pero bueno, un acto fallido en su manejo del español.

Luego de este gracioso momento, seguimos camino hacia el Coliseo Romano, la monumental construcción de la ciudad. Ese lugar que todos quieren visitar, por su historia llena de efervescencia. Llegar fue fácil y rápido, pero la nieve nos jugó una mala pasada.
Si bien estaban los “gladiadores” busca-fotografías asechando a los turistas, el Coliseo Romano no se encontraba en sus mejores condiciones. Veíamos gente acercándose y alejándose continuamente: no entendíamos el por qué. 

Nos acercamos para entender el motivo, y efectivamente, la nieve nos había jugado una mala pasada: el coliseo estaba cerrado por la cantidad de nieve en su interior. Ojo, pocos tuvieron la oportunidad de ver la ciudad de Roma bañada en el blanco de la nevada, pero también somos pocos los que cruzamos el Océano Atlántico y no vemos por dentro el Coliseo Romano.

coliseo romano 2

Y sí, he aquí uno de ellos… Una asignatura pendiente cuando vuelva al viejo continente: ENTRAR AL COLISEO ROMANO.

Pero bueno… Los viajes son una acumulación de anécdotas, y ésta fue una de ellas. Coliseo, no te vayas a ningún lado: volveré.

Si te causó gracia ésta “desgracia”, compartila para que otros se rían de la anécdota 🙂

Sobre el autor Ver todas las publicaciones Web del autor

Federico Bongiorno

Creo cosas en Internet que las podes ver en LinkedIn. Viajo por el mundo, escribo y disfruto de emprender. Mi niño interior es mi director creativo y desde hace unos años tomé la decisión de convertirme en un nómada digital a través de empresas en Internet.

Click aquí para escribirme un e-mail.

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Completar * Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.